sábado, 6 de septiembre de 2014

VENEZUELA EN MEDIANOCHE

Hay un punto de inflexión, pero no sabemos para qué. La Venezuela que yo conocí era más amable. No recuerdo asesinatos con descuartizamientos, ni amputaciones, ni muertes por encargo. La "viveza criolla" era para jugar béisbol caribe y las damas no decían groserías. Hoy la primera es instrumento para pillos y las chicas empañan su encanto profiriendo obscenidades. Otras cosas ocurren, pero sería prolijo comentarlas. Están a la vista de todos, de manera que no perdamos texto. 
Lo que quiero resaltar es que en Venezuela ha ocurrido un cambio de cultura, entendida como tal "la sumatoria de comportamientos habituales". Nuestras conductas ahora son distintas y no ha sido para bien. La falta de gentileza en el trato social, la pobreza y procacidad en el lenguaje, el delirio consumista, el odio y engaño políticos, la trampa cotidiana, la indiferencia por los otros y sobre todo el entreguismo, no son criollos. Son comportamientos importados que llegaron para quedarse,  entre ellos la cobardía del otrora "bravo pueblo". ¿Todo eso se hizo en nombre de qué? Todo eso se hizo en nombre de nada aunque se pretenda revestirlo de ideología. Fue un proceso degenerativo simplemente, imputable a todos y que costará generaciones revertir, si es que decidimos hacerlo. La Venezuela que conocí se acabó, le llegó sus 12 p.m. y de actores hemos pasado a ser espectadores. Sabemos que de otras latitudes más al norte vienen lineamientos, y que los venezolanos entregamos al país. Ha ocurrido una traición.  Todos somos culpables: algunos por perpetrarla y otros por aceptarla.

¿Qué ha pasado con nosotros los Psicólogos, por ejemplo? Pues que decidimos ausentarnos aún viviendo en el país. Por mandato ético deberíamos estar ocupándonos de la sanidad psíquica de nuestro pueblo no sólo en lo individual sino también en lo  colectivo. Lo segundo no lo lo hemos hecho. Apenas un pronunciamiento que fue bien difundido pero que resultó brizna de paja en la tormenta. Sin fuerza, sin ánimo, sin voluntad, hemos visto cosas pasar y hemos dejado que pasen. Hablemos  de ese  colectivo al que no hemos atendido.  Los venezolanos tenemos instalada una angustia y esa angustia tiene expresiones indeseables:  la irritabilidad, el sustico en el estómago,  la presioncita en el pecho, la arritmia a ratos,  la sudoración en exceso, la ocasional falta de aire, el insomnio, la súbita presión alta, los temblorcitos  y la agresividad, entre otras. Es un estado afectivo de carácter penoso, producto de la incertidumbre que acompaña a los cambios,  y los Psicólogos (custodios de la salud mental) calladitos como si no fuera con nosotros. Personalmente he invitado a que hagamos una buena reflexión sobre este tema en nuestros colegios profesionales, en nuestra Federación, en los departamentos de Psicología de nuestras universidades, en fin, en el gremio y el resultado ha sido ninguno. "¿Podemos los Psicólogos hacer algo?" La respuesta a esa pregunta ha sido el silencio. Entonces admitámoslo: también nosotros estamos en medianoche. Nos entregamos  a la desesperanza y eso también es traición.



jueves, 4 de septiembre de 2014

LA HORA DEL ACABÓSE

A las doce pasado el meridiano cero, terminan las jornadas y comienzan unas nuevas. Y sucede que las vidas también tienen medias noches seguidas de algunas madrugadas. Y las naciones,  y las civilizaciones, y las eras. Yo estoy en medianoche de todo y quiero contarlo en esta bitácora.

En el retiro de no hacer nada hay una medianoche y un comienzo; y la hay en el final de una relación que no funcionó (¡otra de tantas!) y en el regreso de las ilusiones a las que derrotó la verdad. A las 12 p.m. termina todo y aún no ha comenzado nada. Es un segundo de suspenso. Yo estoy inmerso en él.

¿Es éste un segundo sombrío? ¿Y quién dijo eso? Puede ser sombrío y puede ser luminoso. O se extiende la noche en madrugada insomne, o raya el nuevo día con color alegre. Pero hay un inconveniente: eso no depende de Usted, ni de mí, sino de muchos. Allí intervienen pasiones, envidias, intereses, brujería, rencores; es decir, la maldad humana y pocas veces la bondad.  Todo  entonces es incertidumbre a las 12 p.m.

Eso sí: el fin no discrimina. Terminan las relaciones que envenenan pero también se mueren los perritos buenos. Eso es injusto. Debería cesar lo que causa daño pero no lo que da alegría. Pero no, así no funciona. Por eso se está muriendo "Nerón". Llegó a sus 12 p.m. y alargó mi nochemala. Q.E.P.D   Que tenga una feliz alborada en el cielo que le toque! La nuestra fue una formidable amistad.