Lo que quiero resaltar es que en Venezuela ha ocurrido un cambio de cultura, entendida como tal "la sumatoria de comportamientos habituales". Nuestras conductas ahora son distintas y no ha sido para bien. La falta de gentileza en el trato social, la pobreza y procacidad en el lenguaje, el delirio consumista, el odio y engaño políticos, la trampa cotidiana, la indiferencia por los otros y sobre todo el entreguismo, no son criollos. Son comportamientos importados que llegaron para quedarse, entre ellos la cobardía del otrora "bravo pueblo". ¿Todo eso se hizo en nombre de qué? Todo eso se hizo en nombre de nada aunque se pretenda revestirlo de ideología. Fue un proceso degenerativo simplemente, imputable a todos y que costará generaciones revertir, si es que decidimos hacerlo. La Venezuela que conocí se acabó, le llegó sus 12 p.m. y de actores hemos pasado a ser espectadores. Sabemos que de otras latitudes más al norte vienen lineamientos, y que los venezolanos entregamos al país. Ha ocurrido una traición. Todos somos culpables: algunos por perpetrarla y otros por aceptarla.
¿Qué ha pasado con nosotros los Psicólogos, por ejemplo? Pues que decidimos ausentarnos aún viviendo en el país. Por mandato ético deberíamos estar ocupándonos de la sanidad psíquica de nuestro pueblo no sólo en lo individual sino también en lo colectivo. Lo segundo no lo lo hemos hecho. Apenas un pronunciamiento que fue bien difundido pero que resultó brizna de paja en la tormenta. Sin fuerza, sin ánimo, sin voluntad, hemos visto cosas pasar y hemos dejado que pasen. Hablemos de ese colectivo al que no hemos atendido. Los venezolanos tenemos instalada una angustia y esa angustia tiene expresiones indeseables: la irritabilidad, el sustico en el estómago, la presioncita en el pecho, la arritmia a ratos, la sudoración en exceso, la ocasional falta de aire, el insomnio, la súbita presión alta, los temblorcitos y la agresividad, entre otras. Es un estado afectivo de carácter penoso, producto de la incertidumbre que acompaña a los cambios, y los Psicólogos (custodios de la salud mental) calladitos como si no fuera con nosotros. Personalmente he invitado a que hagamos una buena reflexión sobre este tema en nuestros colegios profesionales, en nuestra Federación, en los departamentos de Psicología de nuestras universidades, en fin, en el gremio y el resultado ha sido ninguno. "¿Podemos los Psicólogos hacer algo?" La respuesta a esa pregunta ha sido el silencio. Entonces admitámoslo: también nosotros estamos en medianoche. Nos entregamos a la desesperanza y eso también es traición.
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